jueves, 17 de marzo de 2016

Juego online: 1 millón de euros por hora


En junio se cumplirán cuatro años de la legalización en España del juego online, que bate récords mes a mes. Sólo en 2015 se jugaron por  Internet 8.562 millones de euros, 1 millón cada hora, el triple que en 2012. Y ya hay un millón de españoles que juegan online alguna vez, registrándose 170.000 nuevos jugadores cada mes. Lo peor es que se “enganchan” a jugar dinero por Internet muy jóvenes, de 18 a 25 años, e incluso menores que utilizan el DNI y la tarjeta de sus padres. Las empresas de juego se quejan del exceso de controles y de los altos impuestos, pero España se ha convertido en el cuarto país europeo con más juego online y donde la publicidad y los bonos gratis se han disparado en 2015, por el retraso en la entrada en vigor de un real decreto para limitarlo. Ahora, preocupa la creciente adicción al juego online, con unos 100.000 posibles ludópatas, sobre todo jóvenes. Juguemos, pero con cabeza.
 

enrique ortega


En España, la afición al juego está bastante extendida y más desde que se legalizó el juego presencial, en 1977: el 80,3% de los españoles entre 18 y 75 años juega a algún sorteo o acude a algún local de juego, según el último informe de la Fundación Codere (2014). La mayoría de los españoles juega a la Lotería (74,2%), a la Primitiva (33,5%) y a los cupones de la ONCE (21,2%), siendo menos los que van al bingo (7,6%), hacen una quiniela (7,3%), hacen una quiniela (7,3%), juegan a las tragaperras (3,6%) o van a un casino (3%). Los españoles nos gastamos 30.052 millones en el juego (datos Codere 2014), las tres cuartas partes en juegos presenciales (76,14%), que han bajado con la crisis, y una cuarta parte ya en juegos online (23,8%), a través de Internet, el gran “boom” del juego en España en esta década.

El juego online se legalizó en España hace ya casi cuatro años, el 5 de junio de 2012, cuando empezaron a funcionar las primeras 53 empresas de juego por Internet, para aprovechar la Eurocopa. Y desde entonces, ha crecido de forma imparable: si en el primer medio año facturó 2.726 millones de euros, en todo 2013 ya se duplicó el negocio (5.600 millones de euros), pasando a 6.564 millones en 2014 y a 8.562 millones en 2015, todo un récord, con más de 800.000 euros mensuales jugados en el último trimestre. Con ello, España se afianza como el cuarto país europeo donde más se juega en la Red, por detrás de Reino Unido, Italia y Francia. En Europa hay unos 10 millones de jugadores online, que gastan más de 50.000 millones de euros anuales, controlados por varias multinacionales británicas (Ladbrokes, William Hill, 888 Holdings, CVC Holdings, Bwin y Betfair) y la canadiense Amaya Gaming.

En España se estima que un millón de personas jugaron online al menos una vez en 2015, siendo unos 170.000 los nuevos jugadores que se registran cada mes. La mayoría de los jugadores online son hombres (87%) y dos de cada tres tienen menos de 35 años, según el perfil del Observatorio del juego online. Precisamente, el auge de Internet y los teléfonos inteligentes entre los jóvenes está provocando que sean cada vez más jóvenes los que se enganchan al juego online: un 29,2% tienen entre 18 y 25 años y un 39,4% entre 26 y 35 años. Además, la mayoría de los jugadores tienen un status social medio alto (49,3%) y alto (16,8%), predominando los universitarios, con un mayor porcentaje de jugadores en Madrid, País Vasco y Murcia (superan el 1% de la población), según la Fundación Codere.

No sólo hay más jugadores que se juegan mucho más dinero, sino que cada vez juegan con más frecuencia. Así, si en 2009 sólo un 16,3% de los jugadores apostaban todos los días o varias veces a la semana, en 2014 fueron ya el 38,6% del total los que jugaban todos los días (9,4% jugadores) o varias veces a la semana (29,2%). Y son el 87,1% los que juegan al menos una vez al mes. Y juegan también más tiempo: si en 2010, el tiempo medio de juego era de 28,3 minutos, en 2014, la media de juego era de 45,7 minutos al día.

El gasto neto por jugador es de 243 euros al año, aunque los mayores de 45 años gastan el doble y los jóvenes la tercera parte. La mayoría de los jugadores (84,2%) pierden, pero eso no les disuade de jugar, atraídos también por el “gancho” de los bonos de entrada, un “regalo” para que empiecen a jugar “gratis”. La mitad de todas las apuestas online se hacen sobre  eventos deportivos, tanto en directo (3.022 millones) como antes del juego (otros 1.068 millones) y aquí las posibilidades de apuesta son casi infinitas y muy “adictivas”: no sólo el resultado del partido sino quien hace la primera falta (o la última), los saques de esquina, quien mete el penúltimo gol o el resultado en tal minuto… El segundo bloque de apuestas es el póquer (1.780 millones jugados en 2015), aunque ha caído un 22% por la prohibición de jugar con extranjeros. El tercer bloque de juego online es la ruleta (1.513 millones), seguida muy de lejos por el bingo online (66 millones) y los caballos (63 millones). Y están cogiendo fuerza las tragaperras online (401 millones) y las apuestas cruzadas entre jugadores (18,6 millones), dos nuevos juegos que se autorizaron en junio de 2015.

El gran tirón del juego en 2015 ha tenido mucho que ver con el salto de la publicidad del juego, que pasó de 114 millones en 2014 a 164,5 en 2015 (+44%), duplicándose en diciembre la publicidad, mientras se cuadruplicó  el gasto en bonos para atraer a los jugadores (de 2 a 8,6 millones al mes). Y eso porque no ha entrado en vigor, por la falta de Gobierno, un real decreto para limitar la publicidad del juego online y controlar el exceso de juego, aprobado en abril de 2015. Por un lado, este decreto prohibía informar sobre lo que cotizan las apuestas durante las retransmisiones de partidos y se impedía que hicieran publicidad “personajes relevantes” (aunque Rafa Nadal puede seguir haciendo publicidad de Pokerstars  gracias a que hace una llamada final al  “juego responsable…”). Además, se obligaba a las Webs a establecer mecanismos para detectar “comportamientos desordenados de juego”. Pero ante la no aprobación de este decreto, las empresas han aprovechado para multiplicar la publicidad del juego por Internetayudando a mejorar los ingresos de muchas Webs y grupos de comunicación (interesados en que el juego online crezca).

Actualmente, hay unas 100 Webs de juego legales en España (.es), propiedad de 52 operadores, de los que una docena controlan el 90% del mercado, repartido entre Loterías del Estado (con más de 600.000 jugadores online) y 5 multinacionales (Betfair, 888 Holdings, William Hill, Ladbrokes y Bwin), más algunas empresas de juego presencial (Cirsa, Codere, Recreativos Franco) y empresas periodísticas (Mediaset-Tele5, Atresmedia-Antena 3 y Unidad Editorial-El Mundo). En conjunto, las empresas del juego tuvieron unos ingresos netos (cantidades jugadas menos premios repartidos) de 319,6 millones, un 26% más que en 2014, aunque se quejan de que sólo supone un 3,7% de lo jugado y que la mayoría de las empresas del juego tienen pérdidas. Por eso, llevan años reiterando dos peticiones al Gobierno: que baje los impuestos al juego online y que permita jugar aquí a extranjeros.

Las empresas del juego online pagan un impuesto del juego del 25% sobre su facturación neta, superior al que pagan en Reino Unido (15%), Italia (15%) o Dinamarca (20%), aunque menor que en Francia (2% de la facturación bruta). También pagan una tasa de gestión (que se les bajó en 2013 al 0,75 por 1000) y un impuesto de Sociedades y un IVA más altos que en la mayoría de Europa. Además, los jugadores online pagan impuestos en España (se les retiene el 20% en premios mayores de 2.500 euros y están obligados a declarar las ganancias netas, descontando pérdidas de beneficios), mientras no pagan nada de lo que ganan en Reino Unido, Dinamarca, Italia o Francia.

La otra petición clásica de las empresas de juego online es que el Gobierno abra el juego a los extranjeros, ya que actualmente sólo pueden jugar en las Webs autorizadas en España (.es) los españoles y los residentes, como también sucede en Italia, Francia, Holanda, Alemania o Rumanía, que son mercados cerrados a los extranjeros. Pero Reino Unido y Portugal son mercados abiertos, con lo que muchos jugadores españoles (los profesionales) han emigrado a Londres para jugar, porque allí hay más jugadores y más dinero en juego. Y otros optan por jugar desde aquí, lo que propicia un “mercado negro de juego online”: un 43,3% de jugadores apuestan en Webs no autorizadas (no son .es), según un estudio de Codere y la Universidad Carlos III de Madrid. Esto se da sobre todo en el póquer online, donde ha caído en picado el juego legal y se han “exilado” profesionales (que suponen el 90% del juego).

Al final, los altos impuestos y las limitaciones legales están fomentando un mayor control del juego en España de las grandes multinacionales, según muchos expertos, en perjuicio de las empresas españolas más débiles. De hecho, el negocio del juego se está concentrando a nivel europeo, con las grandes multinacionales lanzadas a fusiones para ganar tamaño y poder, para afrontar dos retos ineludibles: unas inversiones cada vez mayores en tecnología y un mayor pago de impuestos (desde 2015, la normativa europea obliga a las empresas de juego a pagar impuestos en el país donde opera el jugador, no donde se ubica la compañía, mayoritariamente en Gibraltar y la Isla de Man, paraísos fiscales). Por eso, entre julio y septiembre de 2015 se produjeron tres grandes fusiones en multinacionales británicas del juego: Ladbrokes y Gala Coral, CVC y Bwin, más Betfair y la irlandesa Paddy Power (para crear la mayor casa de apuestas online del mundo). Y se esperan más megafusiones.

Mientras, Europa sigue sin una normativa común para el juego online y las multinacionales aprovechan para instalarse en los países más permisivos (Gran Bretaña, Portugal y algunos países del Este), mientras el juego online sigue prohibido o muy limitado en Alemania, Grecia, Países Bajos, Polonia, Estonia y Chipre. Pero todo apunta a que “se abrirá la mano” pronto, con recomendaciones comunes a los 28, ya que la Comisión Europea quiere promover el mercado único digital. De hecho, un informe del Parlamento Europeo ya indicaba que permitir un mercado europeo de juego online traería unos beneficios de 5.600 millones al año. Y Europa está muy necesitada de nuevos ingresos. Además, cada vez resulta más difícil poner coto al juego online por países: no se pueden poner límites a Internet.

Con todo, hay un grave problema que ha traído el auge del juego online: el aumento de la ludopatía. Jugarse dinero desde cualquier lugar, a cualquier hora, sin testigos, es una gran tentación. Sobre todo para los jóvenes, ya muy enganchados a Internet y al móvil, a los juegos. Los expertos y los médicos ya llevan un par de años alertando de la tremenda adicción del juego online sobre los jóvenes, más rápida y peligrosa que la adicción al juego presencial. De hecho, están llegando a los hospitales adictos al juego cada vez más jóvenes, entre 18 y 25 años, muchos de ellos que se han iniciado siendo menores, dándose de alta con  el DNI y la tarjeta de los padres. La Asociación FEJAR estima que un 2,5% de la población mayor de 18 años podrían acabar siendo ludópata: eso serían 750.000 personas. Y la Fundación Codere habla de unos 100.000 jugadores online con riesgo problemático, la mayoría menores de 25 años.  

Son demasiados como para no preocuparse del enorme auge del juego online en España, sobre todo entre los más jóvenes. No vale con decir que el juego mantiene 200.000 empleos y permite a Hacienda ingresar 400 millones al año (100 millones el juego online). Es una actividad que puede ser adictiva y crear graves problemas a muchas familias. Por eso, hay que reforzar los controles sobre los jugadores y frenar la publicidad y los regalos para jugar.  También apostar por campañas de información, en colegios y entre los jóvenes. Y montar unidades especializadas de tratamiento de la ludopatía en la sanidad pública (sólo hay 2 en España, en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid y en el Bellvitge de Barcelona). Juego ha habido siempre, pero ahora, con Internet, es más adictivo, peligroso e incontrolable. Juguemos con cabeza.

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